UN PASEO POR EL TIEMPO EN SEGOVIA.

Comienza a clarear el día, cuando salimos a la Plaza Mayor de Segovia. Con el regusto del café miramos al suelo, imaginando el agua que, viniendo del acueducto durante siglos ha recorrido el subsuelo. Vamos a dar un paseo por la Historia en Segovia, y no puede iniciarse en otro sitio que allí, en el Acueducto. Dos mil años, más o menos, hace que los romanos lo construyeron para la eternidad y para cinco mil segovianos.

Segovia ha sido importante en la historia, por ser etapa de camino, desde Guadarrama a la meseta. Nos plantamos en Sotosalbos, donde un caminante de la edad media se encontró con una campesina. El frio arreciaba en lo alto del puerto, y a pesar de sus negativas, la fea serrana le ofrece: «Yo te llevaré a mi casa y te mostraré el camino, encenderé fuego y brasa y te daré pan y vino.”. Al final, saciado de comida el caminante, nos cuenta por boca del Arcipreste de Hita:   “Por la muñeca me priso; tuve que hacer cuanto quiso». Una lápida, ante la Iglesia de San Miguel de Sotosalbos, nos cuenta esta historia de “El Libro del Buen Amor”. En los capiteles del pórtico de esta joya del románico, sus figuras hablan del bien y del mal, para como dijo san Bernardo, «adoctrinar a los que no saben leer». Estamos detenidos frente a bondadosos ángeles; sirenas-pájaro con cuerpo de ave ,y cabeza de mujer. En el pórtico hay saltimbanquis, afiladores, eclesiásticos (¿es uno de ellos el Arcipreste de Hita?).

Sotosalbos

Seguimos en la edad media cuando llegamos a Pedraza. Entramos por la Puerta de la Villa, y allí mismo está la cárcel. El interés con el que entramos nos hará respirar al salir. Toda la maldad del sistema penitenciario de una época en unos pocos metros. La mejor sala era la que ocupaban hasta quince presos comunes en nueve metros cuadrados. Para los delitos más graves, los prisioneros eran arrojados al llevar a una habitación pozo, lo que originaba roturas de huesos para evitar la huida, de las que al poco morían o de las infecciones contraídas. Cuando nos encontramos frente a un asador de la bella plaza de Pedraza, hemos abandonado este túnel del tiempo en el que nos encontramos, para sentarnos frente a un cordero. Por la ventana vemos esos soportales, azotados por la lluvia y el viento.

Pedraza: Plaza Mayor
Carcel de Pedraza

Volvemos a Segovia para encontrar la transición de esa oscura edad media al renacimiento. Y claro, vamos directos al Alcazar. Del antiguo castillo de época de Alfonso X y los Trastámara queda poco. Ahora es una imagen que nos evoca películas de princesas. Un decorado del que se enamoró Walt Disney, y de su mente salió la Cenicienta con su carroza. Lo cierto es que Isabel II de Castilla estuvo allí cuando fue proclamada reina. Su perfección de decorado recién construido, y cuando nos asomamos a su foso levadizo hará volar nuestra mente.

El Alcazar de Segovia

Frente a la Catedral de Segovia, en esta Plaza Mayor con estatua de Antonio Machado, se inicia nuestra ruta por los Palacios de Segovia. Buscamos el porqué de estos dos gigantescos edificios para uso real, fuera de la ciudad de la Corte.

Todo empezó con la caza. Los bosques y la sierra eran ricos cinegéticamente, y los reyes no podían pasar esto por alto. Desde Felipe II, esta antigua granja de los monjes benedictinos, se convirtió en palacio. Los sucesivos reyes lo fueron engrandeciendo, a imitación de los reyes franceses, y lo convirtieron en residencia de verano, hasta Isabel II. Grandes salas, muchas fuentes y un laberinto vegetal. Hoy cientos de turistas contemplan los juegos de agua de las fuentes, antes para una minoría. Hoy las estatuas están cubiertas, protegidas de la nieve y del temporal.

Palacio de La Granja de San Ildefonso

Por la Ruta de los Reales sitios llegamos al Palacio de Riofrio. El fruto del capricho y la ambición de una mujer. Estamos en 1751, y la italiana Isabel de Farnesio (segunda esposa de Felipe V) encarga la construcción de un palacio, que duró once años y nunca llegó a habitar. El objeto era estar cerca de los centros de poder en ese momento. El resultado de una época en que el poder de los reyes era ilimitado. Grande, demasiado, para albergar una corte paralela, hoy cientos de ventanas se encuentran clausuradas, y la imagen exterior es un poco de abandono. El Palacio se ha rendido un tributo al origen de toda esta zona, un interesante Museo de la Caza de todas las épocas. Además en sus 625 hectáreas rodeadas por un muro de piedra, los gamos y otros animales vagan el libertad.

Palacio de Riofrio

Volvemos a la ciudad y directamente vamos a uno de sus muchos asadores, José María, que se cuelga un medallón del cuello, y plato en ristre trincha los cochinillos.

Jose María en acción

Es hora y de regresar, y abandonamos este paseo por la historia de Segovia con la Canción de Despedida de Antonio Machado, que durante algunos años dio clases en la ciudad:

Torres de Segovia,

Cigüeñas al sol!

Verdad que el agua del Eresma

nos va lamiendo el corazón

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