VOLCANES DE CANARIAS

 

Auditorio de Santa Cruz de Tenerife.

Que buenos son los inicios. La Ilusión lo domina todo, y un horizonte despejado se abre ante nuestro camino. Vamos allá. Iniciemos este blog de viajes, hablando de un lugar donde la tierra es la protagonista. La tierra que nos rodea, y esa gran masa de materia que se extiende bajo nosotros hasta el mismo centro del planeta. Nuestra vida se desarrolla sobre una ligera capa que nos separa de una masa incandescente. Ese fuego interno, que algunas veces sale por los volcanes. Vámonos a Canarias, veamos volcanes, que han sido y que serán.

Nuestra ruta se inicia en Tenerife, la isla más turística, sol y playa. Vamos al Teide, el volcán más alto con 3.718 mts. (el tercero del mundo en altura, tras dos en Hawai). Hemos salido de Santa Cruz de Tenerife, dejando atrás la Orotava, ese valle que enamoro al naturalista alemán Humbolt ahora hace 250 años. Ascendemos, dejando atrás ese verjel, y aparecen las primeras vistas del Teide. Aparece al fondo aislado, tras una llanura de piedra. Seis minutos de funicular, en un día de increíble claridad, nos dejan al pie de la cima. El paisaje es tortuoso, azotado por el viento. Desde allí las cercanas islas de La Palma, El Hierro y La Gomera, se extienden a nuestros pies. Conocido desde la antigüedad, avistado por Ulises, centro de la mitología guanche, y guía de todos los navegantes, el Teide nunca ha pasado desapercibido. Ahora en pleno diciembre, no hay rastro de nieve, y ni siquiera hace frio. Descendemos, las islas que vemos emerger nos esperan.

Malpaís de Guimar

 En la costa este de Tenerife está el Malpaís de Guimar. Un área formada por los restos de una antigua explosión volcánica. Un malpaís en Canarias es un terreno pedregoso de origen volcánico, un mar de lava. Y vamos a andar por lava solidificada, a los pies del Volcán Socorro. La vista satélite nos muestra perfectamente el cono del volcán, y toda la superficie ocupada por la lava, derramada en su recorrido hacia el mar. Los alrededores de este pétreo mar están densamente poblados, en nuestro paseo por las piedras del interior sólo nos acompaña el ruido del mar. Para aquellos interesados en este paseo aquí una ruta senderista por el Malpais de Guimar

El Teide desde La Palma.

Tras visitar dos volcanes en Tenerife ahora, en la Palma, haremos la   Ruta de los Volcanes. Aún no ha amanecido, cuando el taxi nos espera, para llevarnos al punto de partida, un área recreativa desierta a esas horas. Vamos ganando altura entre pinos y sendas bien delimitadas. Llevamos un rato caminando, cuando sin aviso previo, ante nosotros se extiende un mar de nubes, con el Teide asomando. El mismo al que habíamos ascendido días atrás. Ahora comprendemos como es un faro, una guía en el Atlántico. Andamos sobre lava negra. Un paisaje atormentado, con volcanes que en fecha tan reciente como 1971, entraban en erupción. Si en Tenerife nos hallábamos frente al resultado de una única erupción, aquí son múltiples los conos volcánicos. Siempre con el mar al fondo, para recordarnos que todas estas islas emergieron de él hace millones de años.

Salinas de Fuencaliente.

El fin de esta ruta es en Los Cristianos, pero hay que acudir a las salinas de Fuencaliente, situadas en el mismo mar. Pequeños depósitos de lava, como no, donde emerge una preciada sal.

Faro de Orchilla

Hemos dejado para el final, una isla que ella misma es un campo volcánico: El Hierro. El antiguo fin de la tierra conocida. Podemos imaginarnos la última visión de los navegantes camino de América. Aquí está el Faro de Orchilla, el del fin del mundo, el antiguo meridiano cero. El lugar donde apenas hace unos años el mar empezó a hervir, en una explosión subterránea en La Restinga. Vamos a recorrer el perímetro de la isla en una jornada. En esta Vuelta en coche a la isla de El Hierro hay toda una lección sobre volcanes.

El viaje nos ha ido preparado para ver la lava continuamente, laderas que derraman sus piedras al mar. Para apreciar esos cultivos que a duras penas se abren paso entre la piedra negra. Ahora nos enfrentamos a carreteras de vértigo, que parecen empeñadas en despeñarnos al mar.

Nada nos prepara para esa fuerza de la naturaleza que anida bajo nuestros pies. Sabemos que sólo está dormido y esperamos no estar cerca cuando despierte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *